
Las plantas silvestres son aquellas que crecen de forma natural y espontánea en la naturaleza, y que no fueron tomadas para su cultivo por el hombre. Comprende la denominada “flora autóctona” de una región. Son las que crecen naturalmente en los alrededores de las ciudades, en las plazas o parques abandonados. Estas plantas silvestres, a diferencia de las cultivadas, poseen un pool génico amplio, que no ha perdido su fuerza por la manipulación de los cultivadores.
En general, todas las plantas comestibles, medicinales o cultivadas tienen su “equivalente” silvestre, a menos que este se haya extinguido por la destrucción de su hábitat. Las plantas silvestres se utilizan para buscar posibles medicamentos, y el medio de llegar a las más salvajes o desconocidas suele ser a través de los relatos de los pueblos nativos, los curanderos, jefes de tribus, etc.
Muchas plantas silvestres son comercializadas por su belleza exótica, y las más de ellas son comercializadas ilegalmente, puesto que en varios países se han dado cuenta del potencial que poseen y no se permite su extracción. En general en las comunidades pequeñas o cercanas a zonas se recolectan los frutos de las plantas silvestres para producir mermeladas y otras jaleas, y la lista que se puede hacer de plantas silvestres comestibles es enorme, aunque muchas de ellas sean actualmente consideradas malas hierbas, pero la realidad indica que antes del cultivo moderno, fueron a su vez cultivadas para la alimentación de las poblaciones pequeñas.